El almidón es un polisacárido vital que sirve como molécula principal de almacenamiento de energía en las plantas. Está compuesto principalmente por amilosa y amilopectina y aparece típicamente como un polvo blanco, granular, insípido e insoluble en agua fría o alcohol. Su fórmula química general es (C6H10O5)n.
Estructura molecular
El almidón consta de dos polímeros de glucano: amilosa lineal (20–25 %), unida por enlaces glucosídicos α-1,4, y amilopectina ramificada (75–80 %), que incluye puntos de ramificación adicionales α-1,6. Estos polímeros forman gránulos semicristalinos cuyas características varían según la fuente vegetal. Por ejemplo, el almidón de trigo presenta gránulos A-tipo en forma de disco mayores de 15 μm, mientras que el almidón de patata contiene gránulos de 10–100 μm. La amilopectina es el principal impulsor de la arquitectura del gránulo, y las almidones con alto contenido de amilosa generalmente no superan ~60 % de amilosa para mantener la integridad estructural.
Propiedades físicas y funcionales
El almidón exhibe una gama de propiedades funcionales, incluyendo alta viscosidad, capacidad de hinchazón, unión al yodo y comportamiento gelificante — cada una influida por la relación amilosa-amilopectina. Funciona como espesante, emulsionante y estabilizante en diversas aplicaciones. Propiedades como la gelatinización, retrogradación y estabilidad al congelado-descongelado pueden mejorarse mediante modificaciones específicas. En forma nativa, el almidón contribuye a la retención de humedad y efectos anti-envejecimiento en productos alimenticios.
Modificaciones y usos industriales
Se utilizan ampliamente técnicas de modificación física, química y enzimática para mejorar la funcionalidad del almidón, como reducir la absorción de aceite, mejorar la estabilidad o producir edulcorantes como maltodextrina y fructosa. Los almidones modificados y nativos se utilizan extensamente en la industria alimentaria —incluyendo productos de panadería, salsas, aplicaciones lácteas y confitería— como espesantes, estabilizantes y agentes de volumen. Más allá de los alimentos, el almidón también se utiliza en industrias no alimentarias como aglutinante, encapsulante y agente de control de humedad. En carnes procesadas, sopas y alimentos congelados, los almidones modificados desempeñan roles clave en la mejora de la textura y el control de la retención de agua.

